AUTO SACRAMENTAL

Tarta de cerezas –                                      CAPÍTULO – VI 
  • Estaba su espíritu en caída libre y enfrascado en pleno interrogante, cuando su cuerpo empezó a emitir señales cada vez más preocupantes.
  • La ahogaba una opresión intensa y creciente en el pecho. Le faltaba el aliento, la respiración se le hacía cada vez más dificultosa. 
  • Notó como una pesadez plomiza iba apoderándose de piernas, brazos y muslos. Su cuerpo se estaba volviendo cada vez más rígido.
  • Se sentía aplastada por una mole pétrea que la aprisionaba y le impedía moverse, gritar y respirar.
  • Y, sin embargo, su cuerpo se agitaba frenético, como poseído, por espasmos que no podía controlar.
  • Gotas de sudor, denso, febril y pegajoso empezaron a resbalar por su cara hasta tejer un sudario, espeso, húmedo y viscoso que amortajaba su cuerpo.
  • Como en una fantasmal alucinación, empezó a oír quejidos lastimosos, suspiros entrecortados, frases pastosas, y de forma cada vez más nítida y apremiante, las voces de un ectoplasma difuso que gritaba su nombre y venía hacia si con frenesí.
  • Ya no le cabía la menor duda.
  • El más alla ya estaba aquí

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                   Próxima entrega:         Capítulo – VII:   TODO ESTÁ CONSUMADO
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