Omelette de espárragos trigueros

Ingredientes: (Fácil – T: 30′)
  • 1 buen manojo de espárragos trigueros
  • 1 huevo y medio por comensal
  • Aceite de oliva, sal
Preparación: 
  1. Lavamos bien bajo el grifo los ésparragos, los escurrimos bien y los enjuagamos con papel absorbente de cocina para eliminar el exceso de humedad.
  2. Cortamos, uno a uno, cada espárrago en trozos de unos 3 cm de longitud, empezando por la yema. Vamos bajando, cortando el tallo, hasta llegar a la parte que ya no se puede cortar fácilmente con el cuchillo. Desechamos toda esa parte fibrosa y guardamos las puntas tiernas.
  3. Calentamos el aceite en una sartén e incorporamos los tallos. Removemos  regularmente con una espátula hasta que empiecen a dorarse ligeramente, salamos muy ligeramente (cuidado porque enseguida se pasan de sal) y con ayuda de una espumadera los vamos retirando todos de la sartén y los reservamos.
  4. Batimos los huevos para tortilla, salamos ligeramente y cuajamos la omelette en la sartén por una cara, levantando los bordes, con ayuda de una espátula o tenedor, para que que el huevo se vaya infiltrando por las rendijas y cuajando poco a poco.
  5. Cuando la omelette esté a medio cuajar, distribuimos uniformemente por encima los espárragos reservados. Y en cuanto tome el punto deseado, la pasamos a una fuente de servir y la presentamos tal cual o plegada por la mitad para degustarla sin más preámbulo.

NOTAS:

  • Los espárragos ya eran apreciados y cultivados por los antiguos romanos y alcanzaban precios muy elevados en los mercados. Eran especialmente apreciados los procedentes de Rávena y el norte de África y se les suponían virtudes afrodisíacas. Sin embargo su fama se apaga durante la Edad Media, no volviendo a recuperarla hasta el siglo XVII, especialmente en Francia. Los libros de cocina franceses del XVII y XVIII  proponen recetas muy sofisticadas para preparar espárragos, con presentaciones muy elaboradas y que se suponía adecuadas para los preludios de los lances amorosos. Luis XIV fué un gran comedor de espárragos y era tal la pasión que sentía por ellos que exigía que estuviesen presentes a diario en su mesa en cualquier estación del año. Y Luis XV se los hacía servir a su favorita la marquesa de Pompadour en un desesperado intento de despertar su pasión dormida. En los recetarios españoles el espárrago aparece poco y de pasada y se tomaban más como alimento diurético que como alimento libertino.

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