CRÓNICA-271012: OKTOBERFEST

 NOTA PREVIA: Esta crónica corresponde a la Oktoberfest del año pasado. Ha salido con un año de retraso -pero ha salido- por causas ajenas a mi voluntad. Perdonen las molestias

I

  • A la hora convenida, las 8h15′, paso O a recogernos en casa -a D y a mí- y cargar con la parte de la cena que me tocaba preparar : choucroute y postre. Aprovechando que estaríamos todos cogí también un tarro de cerezas con anís, que había preparado unos meses atrás,  y que previsoramente había puesto a enfriar en la nevera para poder tomarlas en forma de digestivo chupito, tras la copiosa comida que se avecinaba.
  • M , de acuerdo con el reparto previo de menesteres culinarios, sería la encargada de preparar los dos tipos de ensaladas: una Apfelsalt de manzana con remolacha y una Kartoffelnsalat de patatas con mayonesa.
     
  • M era el responsable del picoteo: cacahuetes, altramuces, papas y rosquilletas con pipas de girasol; así como de las bebidas: martini blanco y rojo, y todo tipo de cervezas, nacionales y extranjeras, con y sin alcohol,  rubias y negras.
     
  • Y preparó para la ocasión un saco con disfraces: un sombrero cónico de bruja, una chistera de bufón, de fieltro negro y tapa blanca con ala lobulada de color verde chillón  -regalo de una conocida marca de cerveza- una chapka del ejército soviético  -hoz y martillo incluidos-  diademas diversas: con orejas de tigretón, con orejitas rosiblancas de Aristogata, con cuernos y campanillos de reno de Papá Noël, con cuernos de diablesa; y sobre todo un casco vikingo dotado de dos cuernos que ya hubieran querido para sí algunos toros de las más afamadas ganaderías y una peluca heavy de pelo largo y rubio, confeccionada con un material acrílico tan salvaje que con un simple roce era capaz de generar más megavatios que una placa fotovoltaica de un metro cuadrado de superficie útil.
II
  • Tras emplear unos 30′ en llegar a Va y 30′ adicionales en encontrar, infructuosamente, un sitio para aparcar, optamos por dejarlo en un parking público a unos 5′ de donde ibamos a cenar.
  •  Al llegar al portal coincidimos en el rellano con una vecina de nuestros anfitriones, muy amable, que nos abrió la puerta. A pesar de todas las veces que hemos estado allí, aún nos preguntábamos si la cena era en el quinto o en el séptimo. Obviamente optamos por peguntarle a la señora por el piso donde vivían MM, cosa que hizo.
  • Subimos juntos, ella se bajo un piso antes y nosotros continuamos. Tras salir del ascensor, ya en el rellano pensamos en disfrazarnos antes de llamar a la puerta y ya nos dió la risa pensando en la cara que pondrían al abrirnos, sobre todo porque no habiamos avisado de nuestra presencia ya que habiamos entrado en la finca sin llamar ni anunciar nuestra llegada por el interfono.
  • Nos pusimos la peluca con el casco vikingo, la chistera y el sombrero de bruja. Al vernos con esa pinta no pudimos evitar un ataque á trois de risa histérica. Y justo, cuando estábamos llamando al timbre, se abrió de par en par la puerta del ascensor y apareció la vecina -que habiamos acabado de dejar en el ídem- que con ojos desorbitados solo pudo mal balbucear:
  •  -Ya veo que no hace falta que les diga que es la puerta de la derecha-  rápidamente se puso a resguardo en el ascensor y desapareció como por ensalmo.
  • Nos quedamos de piedra, plegados en dos y completamente descolocados. Acabamos de llamar al timbre como pudimos y se nos abrió -por fin- la puerta.  Sorpresaaaa…..! No era M sino su madre , la tia Cm. Puso cara de póquer, ladeó ligeramente la cabeza, y con la mirada puesta en dirección indefinida, gritó hacia el interior del piso:
  •  – M tus amigos están cada vez más locos-
  • ¡Que lástima!  Este era el decorado y la actriz que nos hubieran gustado encontrar en esta escena soñada. Pero, como era previsible, fue  M quien nos abrió. A pesar de todo nos quedaamos los cuatro, durante varios minutos, inmóviles, sin articular palabrar, ni poder contener la risa que se nos derramaba por todo el cuerpo.
III
  • Ya dentro, saludamos a los presentes, contagiándoles de nuestra hilaridad, solo faltaban I*. Como era de esperar todos los presentes quisieron probarse pelucas y capelos sin más premura. Lo que provocó que el jolgorio se prolongase aún un buen rato adicional. Por fin cuando nos calmamos un poco y aprovechando que I* acababan de llegar pudimos guardar chaquetas y complementos e incorporarnos al aperitivo. Una vez allí hicimos un relato detallado de nuestra llegada.
  • M se interesó por la vecina haciendo las preguntas pertinentes, hasta que pudo identificarla con precisión en su exhaustiva lista de fichas de vecinos. Una vez identificada no pudo reprimir una carcajada. Tomó la palabra M, con ánimo de aclarar el comportamiento de M, y nos relató que recién casados e instalados en el piso, cuando aún no conocían bien a los vecinos, le comentó:
  • M, no te asustes, pero en el edificio tenemos como vecino a un psicópata –
  • Ante la perplejidad e incredulidad de M , M  le indicó quién era ese desquiciado.  M  no podía dar crédito a lo que estaba oyendo.Y por supuesto no se lo dió.
  • M,  le soltó con cierto retintín, como el que lanza un as sobre el tapete de juego, : – No te has fijado que cuando le hablas, tiene la mirada como perdida y rehuye de forma sistemática todo contacto visual – 
  • M estaba francamente indignada y cortó la discusión en seco: 
  • – M, ese vecino no es un psicópata, es ciego-
  • Pero M es alguien que nunca se da por vencido. Y a partir de ese momento decidió someter al presunto invidente -que llamaremos en adelante Co para simplificar – a una serie de pruebas que demostrarían, negro sobre blanco, la superchería y lo ajustado de su diagnóstico.  
IV
  • Prueba-1: Un dia a MM  se les atascó el desagüe del fregadero de la cocina. Era una situación desesperada y de emergencia. Y el azar quiso que tuviesen que recurrir a Co, el cual muy solícito se ofreció a ayudarles. Obviamente les hizo preguntas clave sobre la distribución del piso y los muebles para poder hacerse un esquema mental rápido, ajustado y preciso de la realidad a la que se iba a enfrentar. Tras varios trompicones menores – que M atribuyó a que era un trompellot (atolondrado)- superó con nota la prueba del fregadero, reparándolo con éxito en un tiempo récord. Todo ello acrecentó las sopechas en M de que Co gozaba de una vista estupenda.
  • Prueba-2: A los dos años de estar instalados en el piso, en una reunión de vecinos se tomó la decisión de proteger balcones, ventanas y galerias, de los rigores de la intemperie,  con toldos apropiados a la fachada del edificio. Llegados a este punto, se solicitó voluntarios para encargarse de escoger entre los diferentes colores,  formas, texturas y materiales que ofrecía el catálogo. Ante el estupor general de los miembros de la asamblea -y la sonrisa sardónica de MCo levantó la mano y espetó:
  • – Yo me encargo de todo-
  • M miró de reojo a M y con voz baja le dijo: -Con que, ciego ¿eh?
  • Prueba-3: M no solo estaba convencido en su fuero interno de que Co gozaba de una envidiable visión, sino que estaba decidido a pasar a mayores para desenmascarar al impostor.
  • Co que se ganaba la vida vendiendo cupones en la plaza principal de Va, desde que cumplió la mayoría de edad. Como era previsible estaba currando en la esquina que tenía asignada. Un día de compras, MM  pasaron casualmente por alli, cuando se percató de su presencia cruzó cables y encontró en ese encuentro fortuito, la oportunidad de oro y la prueba de cargo que había estado buscando desde hace tiempo para confirmar su hipótesis.
  • Sin encomendarse ni a dios ni al diablo y sin que -desgraciadamente-  M pudiese hacer nada por impedirlo se dirigió a toda velocidad hacia Co colocándose justo  enfrente suyo. Y se quedó plantado, mirándole fijamente a los ojos con la mandíbula apretada en actitud desafiante. M estaba convencido de que Co por muy buen actor que fuese no podría aguantar el ataque psicológico al que le estaba siendo sometiendo.
  •  M no pudo aguantar más la tensión del momento y se dirigió a toda velocidad hacia el escenario en que se estaba librando un combate de poder entre M y Co con ánimo de cortar por lo sano.
  •  Faltaban aún unos cuantos metros para llegar al ring, cuando Co soltó con toda naturalidad: – Hola M, hace unos momentos estaba por aquí M, pero se me ha despistado-. M  volvió ligeramente la cabeza hacia M y con cara de póker le dijo claramente con los ojos pero sin abrir la boca: – ¿Te convences ahora, de que no es ciego?. M pasó por alto la observación y dirigiéndose a Co, le devolvió el saludo y con la amabilidad que la caracteriza le dijo:
  •  – Si no fuera porque te conozco, pensaría que tienes vista de águila– 
  • Co le rió con ganas la gracia y contestó: -Os he reconocido enseguida. La loción aftershave de M es inconfundible y tu perfume también. Y por si había alguna duda, M cuando camina marca más la pisada del tacón derecho. Si te fijas notarás que es ligeramente más firme que la del izquierdo. En cambio tu caminar es pausado y tranquilo, propio de alguién que piensa que la vida está para disfrutarla-
  • M se manifestó -por fin-  como si no hubiese pasado nada y la conversación discurrió placenteramente a tres bandas hasta que M y M acabaron comprando unos cupones y se despidieron como buenos vecinos que eran. Podríamos pensar que a partir de este incidente se daría por vencido. Craso error. M nunca se da por vencido y aunque nunca más ha vuelto a sacar el tema, estoy seguro de que si pudiesemos escarbar en el fondo de su ser – y seguro que no haría falta escarbar mucho – encontraríamos que M sigue convendido de que Co es un farsante. 
V
  •  MientrasMM platicaban, el aperitivo seguía su curso, a medida que los cuencos del picoteo se iban vaciando, M los iba rellenando, y a medida que las botellas de cervezas se llenaban de aire otras iban ocupando su lugar en la mesa. La conversación siguió fluida y cordial hasta que MM nos informaron de que se habían matriculado en la EOI de Va en 1º de francés.
  •  No sé como ocurrió -aunque pienso que la cerveza tuvo bastante que ver en los derroteros, no previstos, que tomó la conversación- pero, lo cierto es que a la que me di cuenta estábamos  todos enfrascados discutiendo sobre la necesidad imperiosa de que la EOI diese la opción de matricularse en el lenguaje de los sordomudos.
  • Y a partir de aquí el delirio. La primera cuestión que se planteó es si cada idioma tiene un  lenguaje de gestos equivalente, o bien si ese lenguaje gestual era internacional y válido para cualquier idioma. . La mitad de SYMPOSIUM sostenía que el lenguaje de los signos era universal con el argumento de que nadie de los presentes había presenciado en su vida una sesión de traducción simultánea, del mudo-francés, al mudo-español , inglés, alemán, ruso, chino, árabe,…La otra mitad refutaba ese argumento cogido por los pelos con contraargumentos cuyo único objetivo era fer la mà per fer la mà – chinchar por chinchar. NdT- Tras una larga, apasionada y acalorada discusión a varias bandas, como era de esperar,  no se llegó a ninguna conclusión definitiva y aceptada por todos. 
  • Y en esto que M nos hizo callar a todos visiblemente excitado. Acababa de recordar que en unas Jornadas sobre Integración y Diversidad, organizadas por el municipio de Aa, y a las que asistió en calidad de ponente, le habían regalado un diccionario de traducción: español – lenguaje de signos. Esa revelación fué como la bajada del espíritu santo. M se fue a buscar el libro y regresó con él en un abrir y cerrar de ojos. I que estaba sentado al lado del pasillo, se abalanzó sobre M, en cuanto éste apareció con el diccionario, y se lo quitó de las manos, ante la envidia cochina nada disimulada de los demás.

 VI
  •  Por unanimidad decidimos que buscase las palabras malsonantes (?). Y en en primer lugar la palabra puta -con perdón-. Para decepción de los presentes, la palabra no figuraba en ningún epígrafe. Contrariados, decidimos que se pusiese a buscar rápidamente tacos alternativos; No había nada de nada, ni un triste pipi-caca-culo. La frustación se hizo patente, dejándonos chafados, sin habla, ni capacidad de reacción. 

  • Entonces I buscó -pienso que por deformación profesional- la palabra farmacia – G (foto-gesto-explicación): extender la mano izquierda con la palma abierta hacia arriba inmóvil, cerrar la mano derecha, en posición vertical, apoyar la parte inferior sobre la otra mano y hacer ligeros movimientos circulares como si estuviesemos moliendo con el mazo de un mortero. Todos nos pusimos a imitarlo far-ma-ci-a, far-ma-ci-a.

  •  La segunda palabra fue cerdo -G: con la mano derecha cogerse la nariz y el mentón formando un hocico. Y como alumnos aplicados repetimos: cer-do, cer-do, cer-do. 

  •  Siguió hojeando el diccionario con aire distraído y eligió – vete tú a saber por qué- la palabra marqués –G: con la mano derecha cogerse lateralmente el michelín que se encuentra justo encima del cinturón y pellizcárselo reiteradamente con cierta picardía. Sin esperar las indicaciones del profesor nos pusimos a gestualizar, mar-qués, mar-qués.  Ya teníamos suficiente, a partir de ese momento I decidió que los ejercicios de traducción debían de ser cada vez más complicados y empezó a ponernos deberes:  

  • Farmacia.
  •  Cerdo.
  •  Marqués. 
  • El marqués es un cerdo
  • ¿El marqués tiene una farmacia.?
  •  No, el marqués tiene un cerdo. 
  • ¿El cerdo está en la farmacia?.
  •  No, el marqués está en la farmacia. 

  • Estabamos tan concentrados haciendo los ejercicios, en el más absoluto silencio, que, orgullosos de nosotros mismos, nos pusimos a aplaudir. I buscó la palabra aplausos – G: Levantar ambas manos, abrirlas, extender bien los dedos y hacer movimientos rítmicos semicirculares. Todos nos quedamos callados, y en silencio, nos pusimos a  aplaudir.

  •  O que se moría de ganas de tener el diccionario, en un descuido de I se lo quitó de las manos. Pero I no se li arrugà el melic – NdT:se le arrugó el ombligo –NdT de la NdT: amilanó – – y se puso a pelear para recuperar el diccionario. En el rifirrafe que siguió, a O solo le dió tiempo a buscar la palabra cumpleaños – G: Cerrar ambas manos dejando desplegado el dedo índice de cada una, acercar cada índices a su sien, encorvarlos ligeramente hasta que tomen la forma de una alcayata y mover ligeramente la cabeza con las manos y los dedos acompasados. 

  • Al instante nos pusimos todos a cantar, a grito pelado, ¡Cumpleaños feliz! ¡Cumpleaños feliz!  al tiempo que movíamos la cabeza con los dedos pegados como antenas, tal que parecíamos un grupo de hormiguitas sacadas de la película Ants– Al acabar nos pusimos a aplaudir pero lamentablemente el espectáculo que se mostraba a nuestra vista y oído era bastante penoso. Mientras unos aplaudían, otros levantaban las manos y como todos imitábamos a todos, la clase acabó de forma caótica y desordenada, en la más completa anarquía.

 VII
  •  En vista -o, en oído- del caos reinante, U, la voz de la sensatez, miró el reloj y nos dijo: -Son las once menos cuarto y aún no hemos empezado ni el primer plato- Sonó, ahora sí,como un aldabonazo. Todo Symposium se puso en movimiento y en un abrir y cerrar de ojos -o, de orejas- estábamos todos sentados en la mesa y atacando la Kartoffelsalat y la Apfelsalat.

 

  • Una vez sentados en la mesa, * no le quitaba ojo a M , era obvio que había en él algo que le molestaba. Finalmente se le hizo una pequeña confidencia a I, que estaba sentado entre los dos. Resulta que tras probarse la peluca,  a M se le había quedado un pelo acrílico, de más de un palmo, enganchado en una de las patillas de las gafas. Era evidente que M no se había dado cuenta de su presencia, pero a * ese pelo la desazonaba profundamente. Ni corto ni perezoso, I con un gesto preciso y decidido, le dio un tirón seco. Pero I no contaba con la formidable resistencia de la queratina sintética. Y, de acuerdo con el principio universal de la física de acción – reacción, las gafas salieron despedidas tras el pelo, describiendo una trayectoria parabólica. M,  las cazó al vuelo, para general regocijo de los asistentes.

  • Las gafas estaban sanas y salvas, pero con los cristales ligeramente pringosos. M, que es de carácter -extremadamente- puntilloso y especialmente quisquilloso en la limpieza de sus gafas. Se disculpó y salió de la mesa unos segundos. 

 VIII
  • Al momento regresó con un rectángulo de tejido que era lo que parecía. No cabía la menor duda, era un trozo de tela recortado del tercio superior del cubrenalgas de un calzoncillo. Ante la sorpresa general, M nos explicó que tras haber probado todo tipo de toallitas, gasas, papel de seda, tejidos de fibras naturales o artificiales, etc. para limpiar las gafas, había llegado a la conclusión de que la perfecta pulcritud se conseguía con ese recorte de tela de dicha prenda menor.

  •  Eso sí, la susodicha prenda debía ser obligatoriamente de algodón y de colores puros, no se admitían florituras ni fantasías. Quedaban descartadas las fibras sintéticas obtenidas del petróleo, mixturas dudosas, elastane, viscoelástica u otras moderneces metrosexuales; algodón al cien por cien, y si era de Egipto, mejor que mejor. Nos quedamos mudos

  •  Imperturbable y abundando en el tema M, siguió con el turno de palabra para manifestarnos, con la mayor naturalidad,  que una vez duchado, tras secarse rápidamente, lo primero que hace es  ponerse los calzoncillos. Sólo entonces se dice para sus adentros: -Ahora ya me puede dar un infarto, llegaré al hospital de forma digna Y este pensamiento le provoca una gran paz interior que le permite continuar el aseo cotidiano con ánimo sosegado y dedicarse de lleno a disfrutar de uno de los momentos más placenteros del día. Nos quedamos atónitos ante la lección magistral de moral cívica que M estaba dando al mundo y el ejemplo de recta conducta a seguir que mostraba desinteresadamente a las generaciones venideras. Cerramos los ojos y cada uno visualizó, a su manera, el cuadro del drama que M nos acababa de esbozar, unos con fuertes pinceladas barrocas, otros con dibujos de un realismo lírico claramente preimpresionista, con colores picassianos el resto. En la puerta del Hospital General, entrando por Urgencias; M postrado en una camilla, con los calzoncillos inmaculados bien ajustados a  la entrepierna, y el corazón destrozado por un infarto fulminante; a su lado M, sosteniéndole al mano para reconfortarlo, con el corazón en un puño, hecha un mar de lágrimas, diciéndole al doctor: – Lo último que hizo fue ponerse los calzoncillos –  (Nota: a pesar del dramatismo de la escena, y aún a riesgo de romper el crescendo de la narración, quiero tranquilizar al lector/a y adelantarle que la película acaba bien. M es, por esencia y ADN, un superviviente nato)
IX
  • Tras la Kartoffelsalat y la Apfelsalat, de las que no quedó ni rastro, se sirvió la Sauerkraut – Choucroute en francés – NdT – Como no queríamos abusar, la preparé siguiendo una receta más ligera que sólo llevaba codillo en salmuera, panceta ahumada y  dos tipos de Wurst. Las patatas  -guarnición obligatoria-  se racionaron a dos por comensal. Además M , tuvo el detalle – que todos le agradecimos- de comprar en la tienda de Delikatessen dos tipos diferentes de mostaza alemana para acompañar la charcutería servida. El maridaje de sabores no podía ser más acertado. Durante la degustación de este plato la conversación declinó bastante y todos los comensales nos concentramos en lo que teníamos entre manos. 
  • Ya de postre se sirvió una tarta Tatin que aunque no es una especialidad alemana, su sabor no chocaba con el de los otros platos que se sirvieron. En la concepción previa del menú se barajó la posibilidad de preparar una Schwarzwaldtorte -Tarta Selva Negra, elaborada con bizcocho cortado en capas, emborrachado en Kirsch (aguardiente) y almíbar, relleno y decorado con  cerezas, chocolate y nata en abundancia teutónica – rápidamente se descartó, porque hubiese supuesto para algunas letras de SYMPOSI*UM  un billete seguro a la UCI coronaria o tal vez hacia destinos más exóticos y definitivos-. Con sensatez y buen criterio se optó finalmente por la degustación de la susodicha tarta que está elaborada -amén de la fruta y la masa- solo con mantequilla y azúcar, en cantidades razonablemente moderadas.
  •  La conversación se volvió plácida y siguió por caminos trillados, sin nada digno que reseñar. Se sirvió el café, con y sin cafeína, y una selecció de infusiones, al gusto. El cansancio y el sopor acumulados empezaban a hacer mella en el grupo. Empezabamos a sopesar la posibilidad de darle el finiquito a esta Oktoberfest. 
 X
  • Cuando de repente apareció Cs, todavía bajo los efectos de la euforia del sábado noche. Había ido de cena con una amiga de la facultad y después de copas por las zonas de más ambiente de Va. Aunque a Cs el cuerpo le seguía pidiendo marcha, éste tuvo que dar por terminada la velada porque la chica decidió que era ya muy tarde y debían regresar a casa.
  • Hacía tiempo que no veíamos a Cs y nos sorprendió encontrarlo totalmente transformado en un fornido mocetón, atlético y deportista, de risa franca, ironía sútil y conversación fluida y directa. Resumiendo, era todo un caballero armado; preparado para competir, en justa o sesgada lid, y con grandes opciones de éxito, en el siempre difícil torneo de la carne. Nos puso al corriente de su situación actual, de forma que pudimos actualizar en nuestra memoria su ficha personal. Nos sorprendió que hubiese abandonado la práctica de la esgrima, -que tantas satisfacciones como disgustos le había proporcionado-. Pero nos dejó traspuestos cuando nos informó que se había matriculado en un cursillo de Bailes latinos, a razón de dos sesiones semanales, ofertado por  la Politécnica de Va para todo el personal universitario. Empezamos a sonsacarle sin miramientos disparando a matar. De toda la información que nos dio nos llamó vivamente la atención un personaje -en realidad una personaja- Encontrada la veta del relato, nos centramos exclusivamente en él – o sea en ella-. La media de edad de los danzantes debía ser  inferior a 25 años, pero esta señora -en adelante Sra, para abreviar- era singular porque les doblaba la edad. A todas luces, por la descripción minuciosa de su comportamiento, se deducía que debía tener las hormonas completamente desenfrenadas, con unos niveles de progesterona que sólo alcanzan algunos ejemplares hembra, en ciertas zonas muy remotas, ubicadas en latitudes ecuatoriales. Como era de preveer, con tal vichyssoise –caldo, NdT de humores circulando por sus venas, sin semáforos ni stops- la susodicha Sra acabó encelada hasta los huesos del monitor del cursillo, un cubano macizorro, de buen ver y mejor palpar – según copyright de requia –en paz descanse– don Camilo- y estaba dispuesta a utilizar todas las estrategias y artimañas que hiciese falta para cazar al pajarito sandunguero. Pero,  -como suele ocurrir- el caribeño era una presa mayor, curtido en mil combates con pumas resabiadas, de abrazo fácil y zarpazo letal, de los que había logrado salir indemne sin perder ni una sola pluma. Pues bien, cada vez que la Sra lograba  -tras ímprobos esfuerzos- situarse a tiro del habano, se enfrentaba a un movimiento magistral, rápido y preciso de cadera, pierna izquierda, voltereta y pas á deux; y como por arte de magia, acababa siempre entre de los brazos de  algún bailarín pardillo.
XI
  • Sí, eso fue lo que le ocurrió a Cs, sin comerlo ni beberlo, cuando se dio cuenta de la situación, era ya demasiado tarde. La Sra era su nueva y flamante  pareja de baile, que le miraba como diciendo: a falta de pan buenas son tortas. Para más inri, lucía una sonrisa -nada tranquilizadora- de oreja a oreja y dentadura completa y resplandeciente.
  • Llegados a este punto paramos el relato y nos pusimos a especular sobre la identidad de tan misteriosa Sra. No me cabía duda de que debía ser la catedrática de Física Cuántica y todos estuvieron encantados con mi hipótesis. Nuestro gozo en un pozo. Cs nos hizo ver enseguida lo despistados que íbamos ya que está haciendo un master, de posgrado, de Física de partículas y se conoce a todo el Departamento, en él no figura la Sra. Aclarado este punto, Cs rio ante nuestra ingenuidad :
  • Ojalá hubiese sido la catedrática, hubiese negociado duro, carne por nota
  • La discusión sobre la identidad de la Sra estaba al rojo vivo. Tras mucho debatir, y utilizando el método de deducción de descartes sucesivos, llegamos a la conclusión  –Cs incluido- de que se trataba, ya sin ningún género de dudas,  de la señora de la limpieza del Departamento de Física Experimental.
  • ¿Sigo con el relato, o qué?  Interrumpió Cs.
  • El silencio se produjo inmediato y Cs pudo continuar.
  •  – Entonces el profesor de baile decidió explicarnos un paso nuevo: La ola. Ola que la Sra se encargó de transformar en un devastador y voluptuoso tsunami-
  • Ese paso consistía en cimbrear el cuerpo, acompasándolo con el de la pareja, al tiempo que se le daba un gracil movimiento ondularorio vertical, como una serpiente  reptando por un tronco. Los cuerpos del dúo debían estar perfectamente sincronizados  -juntos, pero no revueltos- procurando evitar a toda costa el contacto físico, como si entre ellos existiese una sútil membrana que lo impidiese. Esa era teóricamente la gracia del nuevo paso. La desgracia práctica para Cs fue que tuvo que someterse a una sesión de magreo y sobo, en toda regla,  de arriba abajo y de principio a fin de baile. Al final del relato, nos quedó meridianamente claro que Cs había surfeado la ola con la pericia de un auténtico lobo de mar y sobrevivido -sin menoscabo de su integridad- a sus efectos devastadores.
  • ¡Yeh! que son ya las 3 y media, yo me voy–  Gritó O.
    XII

    •   Todos nos miramos los relojes para confirmar lo que ya sabíamos y decidimos que era razonable dar por finalizada la Oktoberfest-12. Recogimos nuestras prendas de abrigo de las habitaciones y nos dirigimos hacia el zaguán. Allí ya estaba esperándonos para despedirnos. Llevaba puesta de nuevo la peluca acrílica, con los brazos en jarra y la mirada torva de los viejos rockeros amojamados, embutido en unos pantalones vaqueros superceñidos. Con esa pinta daba el pego y hubiera podido pasar perfectamente por un componente no identificado de los Rollings Stones. Él  era muy consciente de que su pinta heavy cotizaba alto en la valoración del grupo y se dispuso a ofrecernos una sesión de posado fotográfico ante la pared caravista del recibidor. Como era de esperar no escatimó ni poses ni muecas, que quedaron perfectamente grabadas y archivadas en formato digital. Con cada foto veíamos que M se iba creciendo. Estábamos en ello cuando apareció Aa con su guitarra eléctrica – Aa, en sus ratos libres, es una componente destacada de una banda de rock amateur- y colgándosela a M del cuello le dijo:
    •  –Papá eres el eslabón perdido del rock- 

    • M, en pleno trance, metido en su papel de estrella, asiendo con fuerza la guitarra con ambas manos -más bien tratando de estrangularla- dio un vigoroso salto, que remató con una apertura máxima de piernas al tiempo que intentaba hacer en el aire un enjambé, lanzando con fuerza ambas piernas – la derecha hacia adelante, paralela al suelo, y la izquierda hacia atrás, formando ángulo recto –  al tiempo que gritaba:

    • –  ¡Ouuuuuuh  yeaaaaaaaaaah ! Y esta foto para que me la pongan en la lápida.

     

    • Faltó el canto de un duro para que sus deseos se hiciesen realidad in situ. No se mató de milagro. La gravedad le volvió a dar el enésimo revolcón de su vida pero por enésima vez se fue de rositas. Eso si, el pantalón, que ya estaba siendo sometido a una sobrepresión interior y una torsión lateral no habituales en esa prenda, no pudo resistir la fuerza adicional del grand écart de M; y el tejano se desgarró por las partes más nobles de la entrepierna, quedando a la intemperie la matriz textil original de la que saldrían, una tras otra, para el curso próximo, las mejores toallitas limpiacristales para gafas graduadas.
    • La que se armó. Pero pudimos oír con nitidez unos golpes que resonaban en la pared del dormitorio contiguo. Teníamos que despedirnos ¡ya! si queríamos evitar daños mayores. Así pues, haciendo mutis por el foro, fuimos saliendo uno tras otro, hasta que la paz y el silencio se adueñaron del lugar.

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