CRÓNICA-250812: ABUELAS-II

  • XV
  • Mo acabó su relato casi al mismo tiempo  que las papas, los frutos secos y la cerveza. Las brasas de la barbacoa estaban al rojo vivo, lo que indicaba que había que empezar a poner las parrillas con las chuletas de cordero, las longanizas, las butifarras de cebolla y los chorizos. 

  •  Empezamos a activarnos todos. Con Ao nos fuimos a la cocina a preparar las ensaladas y allí aproveché para iniciar a Cs en el difÍcil arte de preparar el allioli. Éste, a pesar de haber cumplido ya los veinte años todavía no había encontrado la oportunidad de ser iniciado en el rito -tan tribal- de preparar un allioli. Me coloqué a la izquierda del neófito y siguiendo el dictado de mis instrucciones empezó a actuar:

  •  1.-Saca el mortero, 2.- Introduce cuatro ajos pelados y troceados con una pizca de sal, 3.- Machácalo todo con el mazo hasta obtener una pasta, 4.- Agrega media cucharada de café de mostaza francesa y una yema de huevo, 5.- Mezcla bien y traba todos los ingredientes, 6.- Ve añadiendo el aceite poco a poco, removiendo bien con el mazo en movimientos circulares hasta que consideres que ya hay bastante cantidad de allioli, 7.-Ponle unas gotas de limón, porque a tu madre le encanta, y lígalo todo. ¡Perfecto!

  •  Y así fué como Cs preparó su primer allioli, firme, ligado y sabroso, como mandan los cánones. Para inmortalizar el momento y pasar a la posteridad, nos hicimos todos la foto de rigor; los padres flanqueando al retoño, henchidos de orgullo, yo como padrino y maestro de ceremonias, a la derecha del padre, y Aa, De, y Po como testigos. 
XVI
  • Dispusimos todo en el comedor cubierto de verano, junto al césped, el limonero, los arbustos de los parterres y las flores de los maceteros. Dispusimos la barbacoa lo suficientemente cerca para poder asar toda la carne cómodamente pero sin que nos molestase ni el humo ni el calor que producía.

  •  La carne se había encargado de comprarla Ao. Era de una carnicería familiar, de una localidad vecina, donde ya la compraba su bisabuela. Al probarla todos asentimos con un gesto aprobatorio y aplaudimos lo acertado de se elección. 

  • Al llegar al postre, torta de almendras con nueces y crema de castañas, y el café, la conversación volvió suavemente, como el agua del manantial que busca su cauce, al punto en que se había interrumpido al mismo tiempo que las papas y la cerveza del aperitivo.
XVII
  • Mo nos sirvió el café, preparado por él con la profesionalidad y savoir faire que lo caracteriza, en su cafetera exprés. Mo es un gran experto en el alambicado arte de preparar el café: por sus manos han pasado más de una docena de cafeteras de todos los tipos, modelos y tamaños inimaginables. Su última adquisición, una Nespresso, la guarda perfectamente empaquetada en su caja original desde hace casi dos años.

  •  Nos explicó que esa cafetera no podía faltar en casa de un gran maestro cafetero como él, pero como gran maestro cafetero que era se negaba en redondo a que la máquina preparase, sin esfuerzo alguno, un café que él podía perfectamente elaborar con depurada técnica para disfrute de sus invitados más exigentes. 

  • Todos coincidimos en que era demasiado modesto en sus apreciaciones puesto se ponía en un plano de igualdad con la susodicha máquina cuando era del todo evidente y manifesto que su café superaba con creces al destilado por la cafetera de moda.
 XVIII
  • Y con el café se soltó la lengua. Empezamos a preguntar, como mera formalidad, como quién no quiere la cosa, por las abuelas respectivas. Y aquí, todos coincidimos en que nos enfrentábamos – con desiguales resultados-  a abuelas, curtidas y expertas en el difícil arte marcial del chantaje emocional. Por unanimidad nos conjuramos para otorgarles la categoría de cinturón negro y otorgarles el décimo dan, sólo reservado a los grandes maestros – en este caso maestras-

  •  El chantaje emocional tiene también su cosa, ya que si el chantajeado se da cuenta de que está siendo sometido a él, a poco que se lo proponga y con un poco de entrenamiento, puede conseguir que el chantajeador no se vaya de rositas e incluso – cuando uno ya domina las técnicas y tácticas contrachantaje- hacer que el chantajeador salga trasquilado.

 

  •  A pesar de todo, toda esta actividad es muy fatigosa y podríamos perfectamente -y agradeceríamos-  prescindir de ella.
XIX
  • Inicié mi relato contando que a principios de verano fui con mi madre al médico del dolor; porque huesos, ligamentos, articulaciones, desgastes, prótesis, vértebras columnarias y demás engranajes y rodamientos, no la dejaban vivir.

  •  Los calmantes habituales ya no surtían el efecto balsámico deseado y así no podía continuar, necesitaba algún remanso de paz para poder seguir. Su sufrimiento era real y humanamente inadmisible. 

  • Estábamos los dos con la moral por los suelos, en la sala de espera, ella como sujeto paciente y yo como observador pasivo, eso sí, esperando que el médico le prescribiese algún potente parche transdérmico de acción analgésica probada; cosa que efectivamente sucedió.
XX
  • Mientras esperábamos ser llamados a consulta, en compañía de otros pacientes en igual o peor estado físico y anímico. Mientras yo trataba de distraerla y animarla con un diagnóstico favorable del doctor, me soltó a bocajarro:

  •  –No pierdas más el tiempo conmigo, el doctor lo que tiene que hacer es darme una pastilla y que se acabé todo de una vez por todas- 

  •  Sin inmutarme le contesté: – Para eso siempre estaremos a tiempo, pero mientras tanto yo podría conseguirle unos cuantos canutos, usted se fuma alguno de vez en cuando y le parecerá que está usted en la gloria– 

  • Sin mirarme me contestó: – Contigo no se puede hablar nunca en serio- 

  •  Finalmente el médico le recetó los parches de quita y pon, a razón de dos parches a la semana
XXI
  • Mo  y todos los demás comensales quisieron saber si los parches habían surtido el efecto benéfico esperado. Les confirmé, que,  efectivamente, los parches habían obrado un auténtico milagro en la abuela, superando las previsiones más optimistas; cosa que ella agradecía y yo también. 

  • Pasadas unas semanas, la abuela, un día, se sinceró conmigo y me dijo:  –No sé si serán los parches que me pongo o los dos plátanos que me estoy tomando últimamente, a media tarde, para merendar; pero la verdad es que los dolores han desaparecido casi por completo-

 

  •  Sin dudarlo le contesté: -No hay duda de que son los plátanos-

 

  •  Me respondió: -Yo pienso igual. Confío más en las curas naturales, que en toda la química que venden en las farmacias- 

  •  Los parches además tenían la ventaja de que no provocaban efectos secundarios no deseados. Bueno en realidad sí que había alguna pequeña disfunción. Cuando el efecto del parche empezaba a desaparecer, la abuela estaba hecha unos zorros, y cuando estaba recién estrenado, la abuela estaba hecha una moto. Sirvan como muestra de lo que digo estos dos botones:
 XXII
  • Botón de bajada: Llegué a casa de la abuela unas horas antes de que le cambiasen el parche. Estaba con el mono puesto esperándome. Cuando me vió me soltó a bocajarro, obviando las formalidades materno filiales de rigor:

  •  -Yo todas las noches hablo con tu padre- 

 

  •  No me amedranté: – Pues no me lo explico porque he mirado la fecha de caducidad de los parches y mantienen sus principios activos hasta el 2014– 

  •  Ella a lo suyo: – Le cuento lo sola que me ha dejado-

 

  •  Yo: –Bueno, hablar desahoga, eso está bien. Mientras él no le responda no pasa nada- 

 

  •  Ella, sin dirigirme la mirada prosiguió: – Le digo, Ay Vt!, que sola estoy, tú desde donde estés cuida de mí hasta que llegue el momento y vengas a recogerme para estar siempre los dos juntitos…  –

 

  •  Viendo que se había apalancado contra el burladero emocional y no había forma de sacarla de ahí. Entonces imitándola en su tono de voz, le lancé un buen puyazo, dejándola con la palabra en la boca y acabando yo la frase:

  •  – …y sobre todo Vt, no tengas ninguna prisa en venir a por mí, porque estoy aquí tan reagusto; me levanto y ya la tengo hecha para todo el día, la chica viene a limpiar, me traen la comida ya preparada, MC me ducha y me asea, voy a la peluquería todas las semanas y sobre todo soy ama de bolsillo-

 

  •  Por fin! touché ! Ella, sin poder reprimir la carcajada, me miró a los ojos y me dijo: –Qué rebandido que eres-
 XXIII
  • Botón de subida: Acababa de cambiarse el parche cuando llegué. Y como suele suceder en estos casos disparó:

  •  –Sabes qué, he decidido que no quiero que me incineren- 

  • Abrí los ojos como platos sin creerme lo que acababa de oí. Saqué fuerzas y respondí: – Que raro siempre ha querido que la incinerasen-

 

  •  Ella: –Si, pero me acabo de enterar que a la hija de la tia Cl, la broma de cremar a su madre le ha salido por más de 600€- 

  •  Yo: -Y a usted qué más le da, si la factura la tendré que pagar yo-  

  • Ella seguía en sus trece: – No quiero dejarte facturas. Que me entierren y sanseacabó-

 

  •  Observé que estaba siendo sometido a un sutil test de dios sabe qué, así que puse cara de gran contrariedad, me quedé callado y, manejando a la perfección el dominio de los tiempos.  esperé a ver su reacción, No se hizo esperar mucho, y me lanzó:

  •  – ¿Por qué te has quedado con la boca abierta?- 

  •  Esperé un poco más, antes de contestar, y poniendo cara de contrariedad le dije:

  •  Es que me he enterado que para fomentar las cremaciones y fidelizar a las familias; en la primera incineración te dan a escoger, como regalo de funerales, entre una cubertería de acero inoxidable de 122 piezas o una cristalería de 90 copas de cristal d’Arques. Y la verdad es que yo ya me había hecho ilusión por la cristalería- 

  • La respuesta la devolvió a la realidad y me dijo: -Calla, calla, no digas eso que me da chuchu-

 

  •  Yo sin poder contener la risa, le dije: –Será yuyu-

 

  •  Respuesta: -Yo siempre he oído decir chuchu-

 

  •  Y yo: -Si chuchu, como chochur de fresa-  

  •  -Pues sí- respondió secamente y dando por concluida la cuestión

  •  A pesar de todo esta esgrima verbal no me causaba el menor problema, el humor cambiante de la abuela me resultaba tan previsible como las mareas.
 XXIV
  • La frase – Quiero morirme- es una expresión bastante recurrente en las abuelas, pero….

  •  Ao tomó la palabra y nos contó el caso de su TRll

  • Era hermana de su abuela por parte de madre y viuda desde recién acabada la guerra. Había tenido un hijo y dos hijas, todos vivían. Se le había quedado una hija soltera -la menor- que era la encargada de cuidar de ella -la TRll ya se encargó a conciencia, en su adolescencia, de espantarle todos los novios con la vista puesta en hacer de ella el futuro bastón  vejez. Cosa que consiguió a su plena satisfacción-

  •  La TRll –mujer longeva en una familia de longevos, rozaba ya el centenar-y su hija bastón, depresiva crónica y llena de achaques pidió socorro a sus hermanos porque ya no daba más de sí y les pidió un poco de alivio a su pesada carga.

  •  Los hermanos de sangre y políticos accedieron de mala gana pero eso es lo que había. Cuando la TRll se enteró de que ya no iba a ser cuidada de forma exclusiva por su hija soltera, montó en cólera y aquí empezó cargar sin comtemplaciones.

  •  Para empezar, informó -con todo lujo de detalles floridos- al vecindario de que a partir de ahora sus hijos la cuidarían una semana cada uno y ella -la pobre- se veía condenada -por el egoísmo de su hija- a ir de un lado para otro

  •  – ¡Igual que un drap, igual que un drap! gritaba a los cuatro vientos a todo aquel – y sobre todo aquella- que la quisiese oir.

  •  En cuanto a sus hijos, aprovechaba la mínima ocasión para manifestarles que iba a poner fin a su vida –El día menos pensat me tire al tren, ¡me tire al tren!

  •  Ao nos manifestó su sorpresa ante esta eficaz frase retórica de su TRll ya que, desde hace años, se desplazaba en silla de ruedas. Sea como fuere, como era de esperar, los hijos acababan la semana con los nervios destrozados.

  •  La TRll era cuidada exclusivamente, y por riguroso turno, por su hijo y sus dos hijas. Su yerno quedó al margen por razones obvias y su nuera también. Pero, sucedió que una tarde, la TRll quedó bajo el cuidado exclusivo de su nuera. 

  • Como era habitual empezó la letanía: –El día menos pensat me tire al tren, ¡me tire al tren!

  •  Y esta vez la nuera recogió el guante:- Mire, vamos a aprovechar que hoy estoy yo. Porque sus hijos no lo harán. Su hijo es un pánfilo, su hija mayor se caería con usted y su hija menor tiene menos fuerza que una gaseosa. Menos mal que estoy yo aquí y la puedo ayudar- 

  •  La TRll se sobresaltó: – Hija si solo llevo el camisón- 

  •  Respuesta: -No se preocupe así cuando la saquen de debajo del tren abultará menos- 

 

  •  La TRll:Pero si no tengo ni fuerzas para salir de casa-

  •  La nuera: -Usted no se preocupe yo la llevo hasta donde usted me diga-  

  • La TRll: – Pero luego cómo me levanto de la silla de ruedas-

 

  •  La nuera: -Bah, bah, bah, no sea tan tiquismiquis, yo la levanto y si no tiene fuerzas yo le pego el empujón y la tiro a la vía. Y si nos damos prisa, el próximo tren que pasa es el AVE madrid-Valencia, seguro que sale en todos los telediarios-

  •  La TRll: Es que salir por la tele en camisón no me gusta nada y seguro que los de Tele-5 harán todo lo posible por sacarme con el culo al aire. Mira, sabes que he pensado, que lo vamos a dejar para más adelante, y ya veremos- 

  • La nuera: -Como quiera, pero ya sabe que una oportunidad como hoy ya no la va a tener más

  •  La TRll: -Ya lo sé hija, ya lo sé pero lo dejaremos para más adelante y ya veremos, si Dios quiere-

  •   A partir de aquella tarde la TRll eliminó completamente de su vocabulario habitual, la palabra “tren” 
XXV
  • Cuando Ao acabó el relato de la TRll, cogió el testigo De que nos contó el caso de la madre de Jn,  compañero de su amiga Ve. Aunque no ejerce, Jn es médico de formación. Bien, resulta que la madre de Jn, de armas tomar según general criterio, viuda y con una malísima relación materno filial con Jn y una nula relación, de cualquier tipo, con su otro hijo.

  •  Era también del género: -Un día me tiro por la ventana, y se acabó-.

  •  Jn, persona paciente, sufrida y amantísimo hijo a pesar de las continuas salidas de tono  de su madre; intentaba disuadirla siempre haciéndole ver del peligro que corría, no solo ella, sino también cualquier transeúnte, que por puro azar, pasase en esos momentos por debajo de su ventana. Podría darse el caso de que ella sufriese solo una pequeña luxación de codo mientras que el pobre caminante podía acabar desnucado, muerto como un conejo, en medio de la acera rodeado de curiosos mientras todos esperaban la llegada del SAMU.

  •  La abuela siempre acababa por tranquilizarse y desistía de su empeño suicida, pero cuando Jn volvía a visitarla la discusión siempre acababa con la abuela metafóricamente colgando en el vacío. 

  • Hasta que un día Jn cruzó cables y cuando la abuela le sacó su medio cuerpo por la ventana, la paró en seco.

  •  Le dijo: -Mira, ya estoy harto de verte sufrir porque no puedes tirarte por la ventana. Te he traído la solución– 

  • Le puso sobre la mesa tres frascos de diferentes colores y le soltó en tono didáctico: -Lo mejor son las pastillas, te lo digo yo que soy médico. Esta azul, es la primera que te has de tomar, sirve para que no tengas vómitos . La segunda, amarilla, te atontará y no notarás nada. Y por último, esta blanca es la que te aliviará definitivamente de todos tus males y desgracias. Recuerda, azul, amarilla y blanca. No cambies el orden. Eso es muy importante- 

  •  La abuela respondió, nada convencida: -Hijo con lo despistada que yo soy, seguro que me las tomo mal y luego serán todo problemas. Mira llévatelas y en todo caso ya te aviso-

  •  Ni que decir tiene que la abuela, ni reclamó las pastillas, ni hizo mención alguna a tirarse por la ventana en su presencia, hasta el rsto de sus días -que fueron muchos-
XXVI
  • Hacía ya rato que habíamos acabado el café y dado buena cuenta a la tarta. El relleno de crema de castaña, mereció la aprobación general. Yo me limité a adoptar una posición de falsa modestia ante las alabanzas recibidas, pero para mi gusto, la tarta, que estaba deliciosa,  quedó con un gusto un punto dulce y un sabor demasiado uniforme. Probaré con un relleno un poco ácido la próxima vez, ¿albaricoque tal vez? 

  •  A partir de aquí la tertulia prosiguió plácidamente, girando en torno del tema central, las abuelas; pero ahora citando casos cada vez más alejados de nuestro círculo afectivo y entrando en el capítulo de los abuelos en general. Tras más de una hora de debate sobre la cuestión: 

  •  ¿Qué es más efectivo en un hipermercado, ponerse  en una cola de dos carritos: un abuelo delante de tí y tú , o colocarte en una cola con diez carritos delante de tí que contenga jóvenes alternativos y madres con hijos en brazos? 

  • No lo os lo penseís dos veces, colocaros en la cola larga sin abuelos. Acabaréis antes y con los nervios razonablemente alterados. Nos fuimos a echarnos una siesta a la sombra, bajo los árboles de CiC y posteriormente disfrutamos del agua tibia y clara de la piscina.
XXVII
  • Tras el baño, volvimos a la mesa, a la tarta, y a los helados comprados ex-profeso. Regados con un cava en su punto de frescor.

  •  Aquí la charla empezó a derivar y fructificó, como conclusión de esta memorable jornada, en la propuesta de  fundar La organización –Comando Futura para Encabronar Colas de supermercados– que será conocido por las siglas  -COFEC– 

  • Como primera acción hemos tomado la decisión de comprar una hucha tipo cerdito sonrosado tamaño king size y con capacidad de almacenamiento de diez kilos de moneditas de 1, 2 y 5 cts de euro.

  •  A partir de ahora vamos a acumular todas las monedas de estos valores que caigan en nuestras manos y, llegado el momento de pasar a la acción – por unanimidad, se decidió activar el comando cuando el miembro más joven de Symposium cumpla los 85 años-, empezar a pagar con ellas, en las colas de las grandes superficies, cualquier cantidad que no exceda de 10€.

  •  Eso sí, procurando quedarnos cortos de varios céntimos, después de contar y recontar. El lema del comando será: – Tiembla pequeño consumidor, dentro de 25 años la COFEC será tu peor pesadilla
XXVIII
  • Ya eran más de las diez y declinamos al invitación de quedarnos a cenar. Cada uno egresó a su casa donde le esperaba su respectiva abuela. Que según supimos más tarde nos estaban esperando con un humor de perros de mil pares de demonios.

NOTA-1: Todas las abuelitas que han participado en este relato son viudas, viven en su casa solas aunque bajo la atenta mirada y supervisión  de su/s vástago/a/s y la más joven roza los 90 años. Mi más profundo agradecimiento a todas ellas por su inestimable y desinteresada colaboración  sin la cual esta crónica hubiera sido imposible
NOTA-2: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Todas sabemos que abuelitas tan entrañables solo existen en la caverna de Platón.

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