Olla cuaresmal de calabaza

Ingredientes: 
  • Un buen trozo de calabaza
  • 1 boniato mediano
  • 1 zanahoria, 1 nabo, 1 cebolla, 1 patata
  • Pencas gruesas de acelga (las hojas verdes no)
  • Un puñadito de arroz
  • Medio bote de judías blancas cocidas al natural
  • Un chorrito de aceite de oliva, sal, azafrán (colorante), una pastilla de caldo de verduras.
Preparación: 
  1. En una olla exprés introducimos la calabaza limpia y sin piel cortada en trozos gordos (3 ó 4). El boniato partido en cuatro trozos, las pencas en trozos de unos 5cm y el resto de las verduras, limpias, sin piel y cortadas menudas.
  2. Cubrimos de agua, regamos con el aceite en crudo y añadimos la pastilla de caldo desmenuzada. Cerramos la olla, llevamos a ebullición y en cuanto salga vapor, bajamos el fuego al mínimo y contamos 15′.
  3. En cuanto podamos abrir la olla, sacamos unos cucharones de caldo, los mezclamos con las judías y con una batidora lo reducimos a puré. Reservamos.
  4. Ponemos la olla de nuevo al fuego y en cuanto empiece a hervir añadimos el azafrán para colorear y el puñadito de arroz. Seguimos la cocción a fuego lento, removiendo de vez en cuando para que el arroz no se apelmace y esperamos a que esté en su punto (unos 17′). Apagamos el fuego
  5. Añadimos el puré de judías, mezclamos bien, rectificamos de sal y servimos inmediatamente.Debe quedar meloso pero no espeso.

NOTAS:

  • Ésta es una receta muy antigua que ya aparece, con algunas variantes, en algunos recetarios cuaresmales del siglo XIX. Desprovista de su connotación cuaresmal, quedaría muy bien en una comida vegetariana o de régimen en cualquier época del año. De hecho en la posguerra era plato habitual en todas las estaciones del año
  • Este plato tiene un característico sabor dulzón muy marcado que puede chocar al probarlo. Ese sabor dulzón, que hoy puede resultar chocante en un potaje, era precisamente el  más buscado en épocas de penurias,  hambrunas, y penitencias. Por otra parte conviene recordar que hasta el siglo XIX el uso del azúcar, en recetas saladas, era de uso común. El azúcar era considerado como una especia más.
  • A propósito de la cocina cuaresmal, es una lástima que este patrimonio tan extenso, variado y exquisito, fruto del saber culinario acumulado durante siglos, se esté perdiendo a pasos agigantados sin darnos cuenta. No olvidemos que con cada receta, cuaresmal o no, que se pierde, se pierde un poco de nuestra identidad. Llevo años sugiriendo a concejales y cargos municipales para que se programen jornadas y degustaciones culinarias tipícamente cuaresmales, dulces y saladas, durante los festejos y celebraciones de Semana Santa, sería una manera lúdica y festiva de darlas a conocer y promocionarlas, pero … ni caso. La gastrodiversidad, que reivindico, también forma parte de la biodiversidad, y considero que no es de las menos importantes. Recordad que somos lo que comemos.

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